- Circulo de Estudios Tercerposicionistas: 2016
Desde CET no tenemos por qué suscribir en su totalidad el contenido compartido, pero consideramos que es de interés didáctico.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Andalucía, ¿hija de Castilla o Al-Ándalus?, de Julio Torres.


En esta fecha del 4 de diciembre, tan señalada para cierto sector andalucista de la sociedad española, no estaría mal recordar y hacerles ver el falseamiento de la Historia que conlleva no solo considerar a Andalucía como nación, sino considerarnos herederos directos de culturas que no tienen nada que ver con nosotros.

Antes de hablar sobre el mito andalusí, vamos a hablar de otro mito existente sobre el que se basa el nacionalismo andaluz, y es el mito de Tartessos. 

Tartessos y sus fuentes escritas. 

Habría que remontarse a las fuentes griegas donde se nombra a Tartessos como a un río rico en plata y a una ciudad en su desembocadura. El río al que se referirán será al actual río Guadalquivir que, anteriormente, desembocaba en el lago Ligustino, también conocido como golfo tartésico, que ocupaba lo que hoy son las marismas del Guadalquivir. Por lo tanto, los griegos se van a referir como Tartessos más al río que a una ciudad. También, se ha intentando relacionar el término Tharsis que aparece en la Biblia, con lo que conocemos como Tartessos, pero los escritos existentes hacen referencia al golfo pérsico y a la India. 

Tartessos y sus fuentes arqueológicas. 

Avanzamos en el tiempo y nos encontramos en el siglo XIX. El arqueólogo Schulten quiso encontrar en Andalucía el “mítico imperio de Tartessos’’, basándose en las fuentes griegas existentes. Para ello incluso llegó a manipular estas fuentes escritas pero no llegó a demostrar absolutamente nada. No se encontró ningún imperio. Además, con el auge regionalista cada ciudad andaluza ha querido asignarse ser heredera de tal sociedad compleja para dar prestigio a su Historia. Diversas poblaciones han intentado nombrarse como herederos directos debido a los yacimientos de San Bartolomé en Huelva o el del Carambolo de Camas. Pero está de sobra demostrado que estos yacimientos pertenecieron a la civilización fenicia , relacionados con cultos y templos a la diosa Astarté. 

Tartessos y sus fuentes lingüísticas. 

También, se ha querido atribuir a esta sociedad mítica de Tartessos una escritura propia, pero el estudio científico vuelve a demostrar la imposibilidad de la existencia de un reino o imperio de ensueño y glorioso en el sur peninsular. 

Las escrituras encontradas pertenecen al siglo V a.C. cuando esta sociedad tartésica ya habría desaparecido, según estas falsas teorías. Además, se encontraron en la zona del Algarve y Alentejo portugueses, por lo tanto estaban fuera de la zona geográfica donde supuestamente se debería encontrar Tartessos. 

Por lo tanto, podemos ver que la base y origen de la “nación andaluza’’ que los nacionalistas nos quieren hacer ver no tiene fundamento histórico alguno, debido a que ha sido probada una y otra vez su inexistencia. 

Andalucía y Vandalucía. 

Tras los pueblos autóctonos llegarían los cartagineses y posteriormente los romanos, los cuales dieron forma a los cimientos de la cultura española, no sólo en el sur peninsular sino en toda la provincia romana de Hispania. La Bética, provincia de Hispania y que ocupaba más del 75% del territorio de la actual Andalucía y una parte de Extremadura, fue la que más se romanizó y enriqueció de la cultura latina y exportó grandes pensadores como Séneca o emperadores como Trajano y Adriano. Tras ellos, en el siglo V d.C. llegarían las invasiones de los pueblos del Centro y Norte de Europa. De estos pueblos se asentarían en Hispania los suevos, vándalos, alanos y visigodos. En un principio, serían los vándalos, pueblo danés, quienes ocuparían lo que conocemos actualmente como Andalucía y de ahí el nombre de esta región. Andalucía, cuyo origen etimológico es Al-Ándalus, significa “tierra de vándalos’’ en referencia a ese pueblo que habitó en esta tierra. 

Posteriormente, los vándalos fueron expulsados por los visigodos hacia el norte de África, lugar donde se asentarían durante siglos. Tras la conquista de los visigodos de Hispania, comenzaría a formarse la base de la tradición nacional española, con la mezcla de los visigodos con los hispanorromanos. Eruditos como san Isidoro de Sevilla comenzarían a hablar de España como “Spaniae” en su De laude Spaniae. 

El mito andalusí. 

En el siglo VIII, en el año 711, una tribu del norte de África, los bereberes, aprovecharán los conflictos internos de la Hispania visigoda y la invadirán por el sur peninsular, llegando a ocupar gran parte del territorio excepto la zona asturiana, cántabra y vasca. 

Es a partir de este período donde los nacionalistas andaluces sacan músculo para decir que el grueso de la Historia de Andalucía y que la cultura andaluza es andalusí. Todo ello basado en las tergiversaciones de Blas Infante, el cual mitificó la Historia de Al-Ándalus, y quiso que Andalucía fuera musulmana como en el período de ocupación. Lo que quizás no supo o no quiso saber este señor es que el período de ocupación musulmana no fue tan esplendorosa y bonito como nos quieren hacer ver. 

Partiendo de la base de que el período de Al-Ándalus es una época de gran recorrido (711-1492), durante su ocupación hay muchas etapas. Lo que más se ha resaltado es esa tolerancia y convivencia de las tres culturas, lo cual es algo totalmente falso. 

Los bereberes y las élites árabes que ocuparon la Península Ibérica no eran tan numerosos, pero debido al conflicto interno de los hispanovisigodos, no les fue muy compleja la conquista. Tras la conquista y asentamiento, los cristianos que eran mayoría y los judíos que eran minoría, tenían tres opciones: convertirse al islam, huir o mantener su religión, pero bajo una gran carga fiscal. Un número indeterminado de cristianos huyeron a los reinos cristianos del norte pero ¿qué es lo que sucedió con los que se quedaron bajo dominio musulmán? La gran mayoría se convirtió al islam para no pagar ese impuesto abusivo por ser cristianos, y el número restante decidió mantener su religión. Los que la mantuvieron no sólo sufrían esa carga fiscal sino que eran considerados “ciudadanos de segunda”. Gozaban de menos privilegios y eran discriminados siendo obligados a llevar una determinada ropa, además de que eran vejados e insultados. Asimismo, cabe mencionar las revueltas cristianas provocadas por esta carga fiscal que conllevaron matanzas como la sucedida en “el motín del arrabal”. Esta revuelta tuvo lugar en Córdoba durante el gobierno de Al-Hakam donde los cristianos lideraron revueltas que fueron pasadas a cuchillo con graves consecuencias: los líderes fueron crucificados y los barrios cristianos aplastados. Otro episodio denominado “jornadas del foso” sucedió en Toledo, donde cristianos y judíos fueron invitados por el gobernador a un banquete. En este banquete 400 de estos invitados fueron degollados. 

Los hechos de intolerancia y represión seguirán sucediendo a lo largo de este duradero período de ocupación con varios ejemplos: restos de mártires profanados, esclavas cristianas en los harenes y expulsiones forzosas que llevaron a los cristianos y judíos exiliarse a los reinos cristianos. Así que, una vez más, los hechos históricos desmontan otro mito andalucista: ni hubo tolerancia en Al-Ándalus ni multiculturalidad, pues existían dos culturas sometidas a una y separadas unas de otras. 

Andalucía: ¿heredera de Castilla o de Al-Ándalus? 

Según estos nacionalistas, Andalucía es heredera del período andalusí pero, ¿es esto cierto?Aun existiendo patrimonio histórico y artístico en ciudades andaluzas y algunos aspectos de la gastronomía que reflejan la ocupación de la cultura musulmana en estas tierras, la sociedad andaluza como tal es heredera de Castilla. 

Primero hablemos del fenómeno de la Reconquista. El avance de los reinos cristianos desde el norte peninsular en el 722 hasta el sur con la toma de Granada en el 1492, se le conoce como Reconquista, ya que esos reinos cristianos decidieron recuperar sus tierras y las tierras de sus padres que habían sido arrebatadas y ocupadas por los bereberes y árabes. Estos cristianos tenían por entonces conciencia de que toda esa tierra, a la cual ya denominaban Spaniae, como hemos mencionado anteriormente, les pertenecía y era su deber reconquistarlas. De ahí que la conquista por parte de los cristianos de todos los territorios bajo dominación musulmana sea conocido como Reconquista. 

Esta reconquista duró 8 siglos y sería ya en el siglo XIII cuando Fernando III de Castilla reconquistó los reinos de Jaén, Córdoba y Sevilla. Fue en este momento cuando se produjo la expulsión de todos los musulmanes que habitaban en esas tierras y se llevó a cabo otro fenómeno muy dado en la Reconquista: la repoblación. La repoblación es el fenómeno dado en la Reconquista mediante el cual se iba cediendo las tierras reconquistadas, latifundios en su mayoría, a nobles y campesinos que habían luchado en la reconquista. Estas tierras, antes ocupadas por musulmanes, se dieron mediante el sistema de repartimiento y, según sabemos gracias a los Libros de Repartimientos, se repoblaban con castellanos, astures y leoneses en su mayoría. Por lo tanto, étnicamente Andalucía es heredera de Castilla, debido a que los árabes que se encontraban en estas tierras habían sido expulsados y se habían repoblado las ciudades y poblaciones con habitantes que llegaban junto a la reconquista que avanzaba de norte a sur. 

Será a partir de que los cristianos autóctonos recuperen sus tierras, cuando Andalucía se afiance y conforme como tal mediante el sistema administrativo y de propiedades castellano, el cual se usará como tal hasta la Edad Contemporánea con los cambios de regímenes y sistemas producidos en toda Europa. 

Una vez más, volvemos a destruir otro mito: el mito de la Andalucía mestiza y heredera de los árabes ya que étnicamente Andalucía tiene un ínfimo porcentaje de genética árabe en su sangre, como demuestran muchos estudios. No sólo será debido a esta repoblación sino a que estas fuerzas invasoras no eran tan numerosas y tampoco se dedicaron a mezclarse con la población hispanovisigoda. Así que, según estos estudios genéticos, mantenemos una gran mayoría de sangre celtíbera, es decir, de los primeros pobladores de la Península Ibérica. 

Símbolos andaluces. 

En 1981, Andalucía consiguió la autonomía, ocasión que muchos aprovecharon para inventarse una nueva historia que contradijera la realidad andaluza como fruto de la reconquista y repoblación castellana. El momento más simbólico de esta tergiversación oficial fue la elección de la bandera verdiblanca, en lugar de inspirarse en los colores del antiguo reino de Castilla y León, que aparecen en el escudo de Fernando III de Castilla, reconquistador de los reinos de Sevilla, Jaén y Córdoba, la Junta de Andalucía decide elegir la bandera verdiblanca que representa lo siguiente: 

El uso del color blanco en los estandartes andalusíes fue generalizado por los almohades en 1146, cuando desembarcaron en Cádiz con la intención de reunir a todos los musulmanes de Al-Ándalus. En 1195 el sultán Ben Yusuf derrotó a Alfonso VIII de Castilla, en la batalla de Alarcos. Para conmemorarlo ondeó sobre la mezquita de Sevilla una bandera verdiblanca, simbolizando la unidad almohade (blanco) y la colaboración de todos los musulmanes andalusíes en la victoria sobre los castellanos cristianos (el verde color del Islam y de los Omeya). 

Inspirada en estos acontecimientos históricos y basados en una fantasía histórica opuesta a la verdad, la Asamblea de Ronda aprobó en 1918 el actual diseño de la bandera verdiblanca que en aquel momento representaba una Andalucía que incluía Murcia y Badajoz. En esa asamblea se encontraba Blas Infante, anteriormente mencionado, donde quiso dar comienzo a la creación de este nacionalismo andaluz. El juego del nacionalismo andaluz lo ha seguido el gobierno autonómico andaluz, nombrando, además, a Blas Infante como “padre de la patria andaluza’’, en lugar de Fernando III de Castilla, verdadero padre de esta tierra, ya que fue el reconquistador de estas tierras y el que formó cultural, administrativa y étnicamente Andalucía. 

Concluyendo este artículo, una vez más se demuestra que la burguesía quiso desmembrar España a favor de las oligarquías con naciones inventadas y manipulación en las aulas, haciendo ver a Andalucía como hija de unos invasores cuando en realidad, con la Historia por delante, es hija de Castilla. 

Fuentes bibliográficas:

- Profeventuras (2013), Desmontando mitos: la tolerancia de la Ál-Andalus multicultural, en línea, https://profeaventuras.wordpress.com, consultado el 30/11/2016. 

- Rea Silvia (2014), Tartessos, las grandes mentiras, en línea, http://reasilvia.com, consultado el 30/11/2016. 

- González (2013), ¿Cómo es el mapa genético de España y de Europa?, en línea, http://www.unitedexplanations.org , consultado en 30/11/2016.

domingo, 27 de noviembre de 2016

La victoria de Trump: ¿un acontecimiento histórico?, de Kerry Bolton.


Trump tuvo éxito más allá de las probabilidades gracias a una voluntad indomable. Eso es algo que no se ha visto en la política estadounidense durante generaciones. Trump fue acusado de ser vago en política (aunque Clinton no mostró más detalles de política que Trump), pero lo que representaba es una idea cuyo tiempo había llegado, que se afirma independientemente de los programas de los partidos, con una personalidad que fue capaz de resistir la más cruel campaña doméstica contra un político que se recuerda.

Los expertos tienen razón en cualquier caso acerca de Tump: esto fue un voto contra el establishment, con muchas referencias entre los partidarios de Trump a la derrota de la “élite”. Quién es esta “élite” ha sido claramente reconocido por Trump, y es fácil de identificar en la medida en que proporciona la financiación para Clinton, como lo hizo para Obama: la oligarquía financiera encabezada por George Soros. Entre la coalición de donantes multimillonarios de Clinton, Soros fue de lejos el más importante, dando más de 11.000.000 de dólares. El mayor donante de Trump fue el empresario estadounidense Bradley Wayne Hughes, que donó menos de medio millón. (“Hillary is outraising tump 20-to-1 among billionaires” [Hillary está recaudando 20 a 1 más que Trump entre los millonarios], Bloomberg 26 de septiembre, de 2016; http://www.bloomberg.com/news/articles/2016-09-26/billionaire-donors-led-by-soros-simons-favor-clinton-over-trump). Trump causó controversia hasta el punto de ser difamado como “antisemita”, cuando dijo ante un lobby judío que no necesitaba su dinero.

“Estructura de poder global”

Sin embargo, peor aún, uno de los últimos anuncios de la campaña de Trump antes de las elecciones atacó la “estructura de poder global”, supuestamente un código antisemita para “judíos”, con representaciones de Soros, Lloyd Blankfein – CEO de Goldman Sachs – y Janet Yellen – presidenta del Banco de la Reserva Federal-, como representantes de “intereses especiales” en Washington, “controlando las palancas superiores del poder”. Aparentemente, se supone que uno no menciona a tales globalistas porque sean judíos. ¿Se supone que creemos seriamente que no hay una “estructura de poder global”, y que Soros y Blankfein NO están en la parte superior de esta estructura? Al igual que “el traje nuevo del emperador”, se supone que es algo que no se debería mencionar en voz alta, y cuando es así, el reflejo rotular es referirse a las “teorías de la conspiración”, como si las conspiraciones no existieran, ya sea como reunión mafiosa en secreto para planear una “conspiración criminal”, según lo definido por la ley, o las conferencias de Bilderberg que se reúnen en secreto para llegar a un consenso mundial (y uno puede estar seguro de que “qué hacer con Trump” será el punto principal de la agenda de la próxima conferencia de Bilderberg). Si la vasta red de fundaciones y ONGs de Soros no es en sí misma una “estructura de poder global”, ¿qué lo es? Clinton fue declarada un “socio de esta gente” en el anuncio de campaña de Trump. De Blankfein, el anuncio decía: “Es una estructura de poder global que es responsable de las decisiones económicas que han robado a nuestra clase obrera, despojado a nuestro país de su riqueza y puesto ese dinero en los bolsillos de un puñado de grandes corporaciones y entidades políticas”. (“Donald Trump’s final ad evokes ‘centuries-old anti-Semitic dog whistles” [El anuncio final de Donald Trump evoca “seculares silbatos para perros antisemitas”], Nathan Guttmann, Forward, 6 de noviembre de 2016; http://forward.com/news/national/353563/donald-trumps-final-ad-evokes-centuries-old-anti-semitic-dog-whistles/). Por lo tanto Trump, a pesar de las conexiones judías de la familia, y de las declaraciones pro-Israel, ha demostrado que no está obligado al dinero o al chantaje moral y la intimidación del lobby de Israel.

Rusia

En cuanto a Rusia, los sentimientos pro-rusos de Trump han sido utilizados contra él como si fuera un traidor, mientras que, simultáneamente, fue atacado como un promotor de la guerra por los partidarios de Clinton, cuyo historial como Sectaria de Estado es mucho más que el de una promotora de la guerra. Es una de las características de la campaña presidencial: proyectar la perspectiva de Clinton sobre Trump, como “desagradable”, “peligroso”, “inestable”, “adinerado”; todas características de Clinton, magnificadas. De hecho, la alabanza de Trump hacia Putin fue considerada como escandalosa. La posibilidad de un acuerdo ruso-norteamericano en los asuntos mundiales provoca terror en los corazones de la “estructura de poder global” y en los “intereses especiales en Washington”. Un resultado inmediato y esperanzador podría ser la reversión en el mundo islámico de la política estadounidense de buscar “cambios de régimen” armando terroristas en nombre de la “lucha contra el terrorismo”, específicamente en relación con Siria.

Trump fue ridiculizado por declarar que tiene un “plan secreto” para tratar con el Estado Islámico. Sin embargo, teniendo en cuenta que el asesor militar de Trump ha sido el antiguo jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa de Estados Unidos, el Teniente General Michael Flynn, un brillante estratega, que Trump haya desarrollado un plan de largo alcance con Flynn es algo plausible, se podría decir. De más importancia sea posiblemente que Flynn no es un rusófobo; por el contrario, es pro-Rusia y analista para Russia Today (“Donald Trump to bring adviser with Russia ties to classified briefing” [Donald Trump lleva consejero con lazos con Rusia a información clasificada], The Huffington Post, agosto de 16 de, de 2016; http://www.huffingtonpost.com/entry/michael-flynn-trump-classified-briefing_us_57b3939fe4b0edfa80da28ca). Otro asesor de política exterior de Trump ha sido Carter Page, quien en 2015 escribió en el Global Policy Journal condenando las sanciones de Obama contra Rusia por Ucrania. Page también criticó a funcionarios estadounidenses como la subsecretaria de Estado Victoria Nuland por fomentar los disturbios ucranianos. (Huffington Post, 21 de Junio, de 2016; http://www.huffingtonpost.com/entry/trump-carter-page-russia-sanctions-black-lives_us_5769bf64e4b065534f482504). Michael Pence, vicepresidente electo, evocó sentimientos antirrusos, desconocidos para Trump quien, cuando se le preguntó sobre ellos, rápidamente repudió la opinión de Pence. Esperemos que Pence se mantenga en línea. Más problemática, aunque no más beligerante que Clinton, ha sido la retórica de Trump condenando a Irán como patrocinador del “terrorismo islámico”. No encaja bien con las posiciones positivas de Trump en otras áreas de la política exterior.

Anti-globalista

La revuelta de Trump es también un golpe importante a la globalización. Trump se mostró como el candidato anti-libre comercio contra Clinton, empujándola a invertir su actitud hacia el Acuerdo de Asociación Transpacífico de forma oportunista y cínicamente. Ha hablado de aplicar aranceles, de la reindustrialización de los Estados Unidos y de la reconstrucción de la infraestructura de carreteras y puentes, en lo que tendrá que ser una empresa colosal de planificación estatal. El infame “Muro”, que se convirtió en un foco excesivo de la campaña tanto para los pro como para los contra Trump, es parte de un proceso que se requiere para liberar a los Estados Unidos de la “estructura de poder global”, ya que el libre movimiento del trabajo (de la gente), es tan parte de la globalización como la libre circulación del capital, los recursos y la tecnología. Hay factores más complejos trabajando que el “racismo”, que es una distracción. (Ver Bolton, Babel Inc, Londres. Black House Publishing, 2013).

Trump ha criticado a la Reserva Federal; ¿puede y actuará para reciclar su poder? Esto también ha puesto nerviosa a la “estructura de poder global”: “Mientras Wall Street lidia con la elección de Donald Trump como el próximo presidente de los Estados Unidos, parece que el orden del día es la incertidumbre. Entre la miríada de consecuencias inciertas de la elección de Trump está la posibilidad real de una gran sacudida en la Reserva Federal”. (Bob Bryan, “Donald Trump’s election has Wall Street questioning the future of the Federal Reserve” [La elección de Donald Trump ha hecho cuestionarse a Wall Street el futuro de la Reserva Federal], Business Insider Australia, Nov. 10, 2016; http://www.businessinsider.com.au/donald-trump-presidential-election-fed… ).

Títeres izquierdistas

Aquí tenemos lo que podría parecer una paradoja sobre toda la elección, pero que realmente es algo históricamente constante: la izquierda y la oligarquía apoyaron ambas a Clinton. Su política fue esa mezcla de liberalismo social y de libre comercio que ve una convergencia de la izquierda con las finanzas internacionales (Ver Bolton, Revolution from Above, Arktos Media Ltd., 2011), señalada por Oswald Spengler hace casi un siglo, cuando dijo que los movimientos de izquierdas trabajan en los intereses y la dirección del “dinero”. (Spengler, The Decline of The West, London: Allen and Unwin, 1971, Vol. II, 402).

Se establecerá una dicotomía en Estados Unidos si Trump prosigue con la revuelta anti-establishment una vez en el cargo: los Estados Unidos bajo la presidencia de Trump podrían convertirse en un baluarte de la anti-globalización y al mismo tiempo permanecer como la sede mundial de la “estructura de poder” globalista.

Wall Street seguirá existiendo y lo mismo ocurrirá con Hollywood. Sin embargo, bajo Trump, ¿seguirá el Departamento de Estado de Estados Unidos patrocinando el multiculturalismo en todo el mundo, incluyendo conciertos de Hip Hop en Europa, como un medio para romper culturas tradicionales, junto con los programas de la red Soros, la Freedom House y muchas otras que figuran como ONGs indeseables para Rusia? (Ver Bolton, Babel, Inc., Op. Cit.). Uno espera que no. ¿Continuará el Congreso proporcionando fondos para que la National Endowment for Democracy, administrada de manera privada, continúe patrocinando organizaciones subversivas para crear “revoluciones de color” e interferir en la política interna de diversas naciones, Rusia en particular? Trump ha cuestionado la misión de “policía del mundo” de los Estados Unidos, y la sabiduría de haber derrocado a Gaddafi y Saddam, acusando a Clinton y Obama de haber “creado el Isis”. La pregunta es si la administración Trump podrá o reinará en las ONGs mayormente estadounidenses que han creado lo que el estratega globalista Ralph Peters ha elogiado como “conflicto constante”.

La convergencia izquierdista con la “estructura de poder global” ya está teniendo lugar en las calles de los EE.UU., un día después de la victoria de Trump. Los clintonistas se amotinan y manifiestan. Estos izquierdistas siguen su papel histórico como idiotas útiles de la dialéctica capitalista; supuestos anti-globalistas, pacifistas, hombres decadentes, lesbianas marimachos, afroamericanos y latinos agitados, socialdemócratas de Bernie Sanders, descargando rabia contra la única revuelta impulsada por la América rural y el “rust belt”* cuyo candidato se opone a la globalización, los acuerdos de libre comercio, la intromisión global de los EE.UU. y la escalada de los escenarios de guerra (“Thousands of anti-Trump protestors take to streets of U.S. cities” [Miles de manifestantes anti-Trump toman las calles de las ciudades de EE.UU.], Reuters, 10/11/2016; http://www.reuters.com/article/us-usa-election-protests-idUSKBN1343CO). Uno puede esperar que el dinero de Soros fluya hacia un movimiento para el “cambio de régimen” dentro de los EEUU de la manera en que el dinero de Soros fluye hacia el movimiento “Black Lives Matter”. (Bolton, “Megabucks for BLM: another Left-wing cause with capitalist sponsors” [Mega fondos para BLM: otra causa izquierdista con patrocinador capitalista], Right On, 6/08/2016; https://www.righton.net/2016/08/06/megabucks-for-blm-another-left-wing-cause-with-capitalist-sponsors/). Las revueltas orquestadas por la plutocracia contra Trump podrían ser el catalizador para el renacimiento del tipo de anarquía de la Nueva Izquierda que fue promovida por los oligarcas durante los años sesenta y setenta. (Bolton, Revolution from Above, op. cit., “New Left from Old”, 144-200).

* Rust Belt (cinturón de óxido), también conocido como Manufacturing Belt (cinturón de las manufacturas, cinturón industrial), región de Estados Unidos que engloba principalmente estados del área conocida como Medio Este y algunas zonas del área Atlántico Medio [n.d.T.].

domingo, 6 de noviembre de 2016

Trump contra Hillary: un resumen, de Paul Craig Roberts.


Nota: Acabo de escuchar una noticia de la NPR que afirmaba que los jóvenes abandonaban el Partido Republicano, habían vuelto a la izquierda y acudían a Hillary. ¡Así que ahora en América el candidato de izquierda es una belicista y agente de Wall Street! Asombroso.

La elección presidencial en Estados Unidos este mes de noviembre dirá si una mayoría de la población estadounidense es irremediablemente estúpida. Si los votantes eligen a Hillary, sabremos que los americanos son estúpidos más allá de toda redención

No sabemos mucho acerca de Trump, y las disposiciones de la propaganda anti-Trump sustituyen a los hechos.

Pero sabemos muchos datos acerca de Hillary. Sabemos de su violación de las leyes de clasificación y la negativa de la administración demócrata a hacer nada al respecto. Los demócratas prefieren controlar la Casa Blanca antes que hacer cumplir la ley, otro clavo en el ataúd en el que yace el estado de derecho en los EE.UU..

Sabemos por sus palabras y acciones, y por su éxito material, que los Clinton son agentes de Wall Street, los grandes bancos, el complejo militar y de seguridad, Israel, la agroindustria y las industrias extractivas. Su gran fortuna personal, aproximadamente de 120 millones de dólares, y 1.600 millones de dólares en su fundación, la mayoría de los cuales procedía del extranjero a cambio de favores políticos, atestigua el hecho incuestionable de que los Clinton son agentes de la oligarquía que gobierna Estados Unidos, en realidad, que domina el Imperio americano desde Australia y Japón, a través de Norteamérica y Europa occidental y oriental hasta la frontera rusa.

Sabemos que Hillary, como Bill, es una mentirosa.

Sabemos que Hillary es una belicista.

Sabemos que Hillary hizo la declaración más irresponsable jamás pronunciada por un candidato presidencial cuando dijo del Presidente de Rusia ser el “nuevo Hitler”, elevando así las tensiones entre las potencias nucleares a un nivel más alto que el que existía durante la Guerra Fría.

Sabemos que Hillary se alía con los neoconservadores y que su creencia en la ideología neocon de la hegemonía mundial de Estados Unidos es probable que acabe en una guerra con Rusia y China.

Todo lo que sabemos sobre Trump es que los oligarcas, que enviaron los empleos de Estados Unidos al extranjero, que inundaron el país con inmigrantes difíciles de asimilar, que destruyeron la educación pública, que rescataron a Wall Street y a los “bancos demasiado grandes para quebrar”, que sacrificaron a los propietarios y jubilados estadounidenses que viven con un ingreso fijo, que tienen la intención de privatizar tanto la Seguridad Social como el Medicare, que han dado al público policías asesinos, violaciones implacables de la privacidad, la mayor población carcelaria en el mundo, y que destruyeron la Constitución de Estados Unidos con el fin de aumentar el poder ejecutivo sobre el pueblo estadounidense, se oponen violentamente a Trump. Esta oposición debería decirnos que Trump es la persona que queremos en el despacho oval.

Algunos afirman que es una farsa y que Trump está jugando un papel con el fin de elegir a Hillary. Los políticos estadounidenses son tan corruptos que todo es posible. Sin embargo, las élites gobernantes y sus marionetas parecen estar realmente preocupadas por el desafío que supone Trump para su control, y se han unido contra Trump. Han utilizado su dinero para comprar sitios web “progresistas” pagados para llevar a la imprenta y a la TV la propaganda anti-Trump en Internet, sumando así a los prenstitutos de Internet los medios impresos, la televisión, y la NPR, que están trabajando horas extras para demonizar a Trump y elegir a Hillary.

La entera estructura de poder de nuestro país está detrás de Hillary. Ambos establishment políticos, el demócrata y el republicano, y ambas ideologías, los neoliberales y los neoconservadores, están unidos detrás de Hillary.

¿Cuánto pruebas más necesitan los estadounidenses para saber que un voto para Hillary es un voto para su propia castración?

Al parecer, los estadounidenses siguen cautivos de su despreocupación. Según informaciones de la prensa, la mayoría de los votantes todavía no tiene ni idea acerca de las consecuencias de votar por Hillary. Las encuestas indican que Hillary está así en cabeza. ¿Son estas encuestas reales o sólo otra mentira prenstituta para disuadir a los partidarios de Trump? ¿Por qué votar cuando ya han perdido?

El asalto de la propaganda contra Trump, cruel como fue, no tuvo éxito durante las primarias republicanas. A pesar de la condena mediática de Trump, éste barrió a un lado sin esfuerzo a los otros candidatos republicanos.

La actual demonización mediática de Trump podría fallar también. De hecho, es tan transparente que podrían elegirle.

Todo lo que se requiere es que suficientes estadounidenses despierten de su despreocupación para reconocer que se trata de los enemigos de su propia vida, de sus propias condiciones de vida y de su propia libertad, los que se oponen violentamente a Trump.

Si los estadounidenses no pueden alcanzar esta toma de conciencia, no tienen futuro, y tampoco lo tiene el planeta Tierra.

La oligarquía dominante odia a Trump porque él rechaza la guerra con Rusia, cuestiona el propósito de la OTAN, se opone a la deslocalización de los puestos de trabajo de los estadounidenses, y se opone a la inmigración descontrolada que está transformando los Estados Unidos en una entidad multicultural carente de unidad. Los oligarcas están reemplazando a los Estados Unidos por una Torre de Babel. El poder oligárquico crece de forma exponencial entre la desunión de la diversidad.

En otras palabras, Trump es para Estados Unidos y para los estadounidenses.

Esta es la razón por la que los oligarcas y sus prostitutas odian a Trump.

Los estadounidenses imbéciles que votan por Hillary están votando por la guerra y por su propia miseria.

Posiblemente, un voto para Trump es lo mismo. Sin embargo, en el caso de Trump no lo sabemos. En el caso de Hillary lo sabemos sin duda alguna.

Por supuesto, podría no importar cómo votan los estadounidenses. Aquellos que programan las máquinas de votación electrónica determinarán el voto, y ya que los aparatos de ambos partidos políticos se oponen totalmente a Trump, las máquinas programadas pueden elegir a Hillary. Lo sabemos por nuestra historia electoral. Los EE.UU. ya han experimentado elecciones en las que las encuestas de salida muestran un candidato ganador diferente del candidato seleccionado por las máquinas electrónicas, que no dejan ningún rastro de papel y no hay manera de confirmar el voto.

Si Hillary se mete en el despacho oval, la guerra nuclear es probable antes de que termine su primer mandato. Un voto para Hillary es un voto para la guerra nuclear.

Si nos fijamos en las próximas elecciones de manera realista, no tenemos más remedio que concluir que la totalidad de los medios de comunicación prenstitutos y del establishment estadounidense prefiere el riesgo de una guerra nuclear al riesgo de perder el control del gobierno ante los votantes.

Que los estadounidenses permitieran el ascenso de un poder inexplicable dice de nosotros todo lo que necesitamos saber sobre la negligencia en el cumplimiento del deber de la que son culpables los ciudadanos de Estados Unidos. El pueblo estadounidense falló a la democracia, que requiere un gobierno responsable. El gobierno estadounidense ha demostrado que no es responsable ante la Constitución de Estados Unidos, la ley estatutaria de los EE.UU., el derecho internacional, o ante los votantes.

Si el resultado de la negligencia en el cumplimiento del deber de los estadounidenses es la guerra nuclear, el pueblo estadounidense será responsable de la muerte del planeta Tierra. Uno esperaría que con esta gran responsabilidad sobre sus hombros, el pueblo estadounidense rechace al inequívoco candidato de la guerra y se arriesgue a que Trump rinda cuentas por sus palabras.

jueves, 26 de mayo de 2016

Contra la cooperación entre clases sociales, de Álvaro Astray.


Debido a la falta de formación doctrinal, en amplios sectores de la “Tercera Posición”, se ha defendido la cooperación entre clases como forma de organizar la economía. Este objetivo choca frontalmente con la economía propuesta por varias de estas ideologías, como el nacional-sindicalismo o el fascismo. Con la excusa de la cooperación o armonización de las clases sociales, se ofrece la victoria a la clase dominante, es decir, a la burguesía capitalista. No se puede someter a toda la clase trabajadora con la excusa del patriotismo, esto no es más que hacerle el juego a la derecha.

La lucha de clases es un hecho, aunque no se debe aceptar que esta sea el motor de la Historia. Mientras en mejor situación se encuentre la clase dominante, en peor situación se encontrará la clase dominada, aunque esto por sí solo no haya sido lo que haya movido el mundo, detrás hay muchos más factores –más o menos importantes- complementarios. Admitir esto no te convierte en marxista. Simplemente hay que reconocer la gran labor de Karl Marx en su análisis de del capitalismo, como ya dijo en su día José Antonio Primo de Rivera (1), pero no coincidimos con él en las soluciones que da frente al sistema imperante.

Si bien es cierto que durante el Ventennio fascista no se alcanzó el socialismo al adoptarse como sistema el Corporativismo – donde existía una cierta cooperación entre clases-, el propio Benito Mussolini decía en la temprana fecha de 1933 que “el Corporativismo es un punto de partida, no de llegada”. 

Tras la traición de julio de 1943 de Pietro Badoglio y los monárquicos a Mussolini y al fascismo obrero, este se ve liberado de todos sus pactos con la burguesía en los que se apoyó para conseguir el Poder. Los fascistas volvieron a entonar el viejo canto de “¡Abajo Badoglio!” (2) y recuperaron el programa revolucionario de 1919. El secretario histórico del Partido Comunista de Italia, Palmiro Togliatti, ya reconoció el carácter revolucionario del fascismo de primera hora y buscó una alianza con los fascistas primigenios al escribir:“Nosotros, comunistas, adoptamos el programa fascista de 1919, programa de paz, de libertad y de defensa de los intereses obreros. Camisas Negras y Veteranos del África, llamamos a ustedes para unirnos en este programa. Proclamamos que estamos listos para combatir a su lado, Fascistas de la Vieja Guardia y Juventud Fascista, para realizar el programa fascista de 1919” (3).

Parte del programa del 1919 era: “la promulgación de una ley de Estado que sancione la jornada legal de ocho horas de trabajo para todos los trabajadores; el salario mínimo; la participación de representantes de los trabajadores en el funcionamiento técnico de la industria; y la administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias”

En 1943, Mussolini y sus fieles, los representantes del fascismo proletario y auténtico (cabe destacar al excomunista Nicola Bombacci o a Alessandro Pavolini), proclaman la República Social Italiana. Es aquí cuando surge el experimento económico del fascismo anticapitalista: la Socialización. Bajo esta forma económica “La gestión de la empresa, ya sea del Estado o de la propiedad privada, queda socializada. En ella toma parte directa el trabajo”. Es decir, los productores, incluyendo aquí tanto a los trabajadores como al empresario entendido como gestor y trabajador, no como un capitalista, son los que deciden sobre el rumbo de la empresa, y la plusvalía es entregada los trabajadores, no al empresario capitalista. 

Alessandro Pavolini confesaría a su amante, la actriz y diva Doris Duranti lo siguiente: “el Fascismo en el que creo…no existe todavía, (…) el otro día Mussolini ha dicho una cosa que a muchos no ha gustado, pero a mí sí. Ha dicho que la cartilla de racionamiento no será abolida ni siquiera tras la victoria, así los Agnelli y los Donegani, comerán como sus obreros. Producir con la inteligencia o con las manos es lo mismo, quien no produzca, no tendrá sitio en la Italia que estamos construyendo”.

El propio Mussolini ya avisó en Milán poco antes de morir de la inutilidad e inconveniencia de pactar con la burguesía: “(…) nuestro ideal es el Estado de Trabajo. En este caso no puede haber duda: nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la muerte, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en busca de un nuevo orden. Si esto es así, invocar ayuda de la burguesía agitando el peligro rojo es un absurdo. El espantapájaros auténtico, el verdadero peligro, la amenaza contra la que se lucha sin parar, viene de la derecha. No nos interesa en nada tener a la burguesía capitalista como aliada contra la amenaza del peligro rojo, incluso en el mejor de los casos ésta sería una aliada infiel, que está tratando de hacer que nosotros sirvamos a sus fines, como lo ha hecho más de una vez con cierto éxito (…)”(4). Es decir, en estas fechas, Mussolini rechaza cualquier pasado interclasista que pudiera haber tenido.

En el nacional-sindicalismo encontramos otra solución frente a la economía capitalista. En lugar de la socialización, la sindicalización de la economía. En el nacional-sindicalismo, son los trabajadores de la empresa organizados a través del sindicato correspondiente, encuadrados en las diversas ramas productivas. En el sindicato se encuadrarían todos los productores. Como leemos en el artículo “La empresa nacional-sindicalista” de Fernando Roldán: “La capitalización de la empresa se realizará a través de la aportación de los trabajadores y de la parte de la plusvalía destinada a tal fin. Los trabajadores no sólo poseerán los medios de producción y la plusvalía; también podrán votar y elegir al congreso de administración, aprobar o rechazar balances y demás cuestiones relacionadas con la gestión de la empresa, todo ello sin dejar de lado sus obligaciones como trabajador.” (5) Jorge Garrido San Román afirma que la plusvalía va directa al Sindicato, que se encarga de su gestión, pero que no toda la plusvalía se repartiría entre los productores directamente, puesto que esto podría producir una gran inflación. Parte de la plusvalía se reinvertiría en bienes y servicios para los trabajadores.

Hemos analizado solo superficialmente las propuestas de nacional-sindicalismo y fascismo frente al trabajo asalariado y el capitalismo. En ambas podemos ver que no se busca la cooperación entre clases, sino la creación de solo una clase, los productores. Esto no significa que, como dicen falsamente los liberales, todos los productores reciban la misma cantidad de dinero por su trabajo.

NOTAS:

(1) Conferencia del Círculo de la Unión Mercantil (Madrid, 9-4-1935)
(2) Pietro Badoglio fue un militar monárquico italiano, primeramente contrario al fascismo, pero que participó en la política del Ventennio. Finalmente traiciona a Mussolini para rendirse a los Aliados.
(3) Palmiro Togliatti, secretario del Partido Comunista Italiano, Manifiesto por la salvación de Italia y la reconciliación del pueblo italiano, "Lo Stato Operario", nº 8, 1936.
(4) Milán, 22 de abril de 1945
(5) La empresa nacional-sindicalista, por Fernando Roldán

miércoles, 4 de mayo de 2016

El fascismo de izquierdas

1. Sorprendentes coincidencias

El fascismo histórico albergaba en sus filas a antiguos militantes de extrema izquierda; el mismo Mussolini había sido un antiguo líder socialista y varios de los más directos colaboradores de Hitler militaron en el K D.P. o en la socialdemocracia. Es típico oír relatos de la época de conquista del poder por los nazis cuando después de cada mitin algunos comunistas rompían su carnet y se afiliaban al N.S.D.A.P. También es típico el caso de la huelga general de transportes en Berlín organizada en común por el doctor Goebbels mano a mano con Walter Ulbricht. Antiguos comunistas en las españolas J.O.N.S.; Jacques Doriot, líder de la Internacional comunista, alcalde de Saint Denis y fundador del Partido Popular Francés, la muestra más elaborada del fascismo galo; incluso en la misma Francia, Pierre Clementi fundó un llamado Partido Nacional Comunista Francés y los nazis chilenos, una vez fracasado su intento de tomar el poder por la vía armada, concluyen un pacto con socialistas y comunistas incluyéndose dentro de un Frente Popular; en fin, miembros de la extrema-derecha francesa y del neo-fascismo italiano compartieron las barricadas de la calle Gay-Lussac unos y defendieron las mismas Facultades otros, junto a sus tradicionales enemigos los anarco-maoístas durante los estallidos revolucionarios de mayo del 68. Todos estos casos y otros muchos que podríamos citar casi hasta el infinito nos muestran un hecho a primera vista sorprendente: el de la insospechada comunicabilidad entre extrema-derecha y extrema-izquierda. Los datos históricos incontrovertibles están ahí. No se trata ni de enmascaramientos, ni de provocaciones de unos contra otros, sino de, en la mayoría de los casos, románticas colaboraciones e interrelaciones entre gentes sumidas en universos semejantes.

En efecto, podemos extremar nuestro análisis, llevarlo desde el marco psicológico hasta el puramente historicista e ideológico, para advertir que el tipo humano que milita en movimientos extremistas de ambos bandos es radicalmente parecido, manteniendo, al mismo tiempo, una radical diferencia y trabajando encuadrado en unas coordenadas ideológicas absolutamente opuestas en su fondo, pero similares en su planteamiento a nivel de práctica política; su ética, en ambos casos, es muy parecida.

Podríamos recordar simplemente un hecho cuya comprobación tenemos al alcance de la mano: preguntad a cualquier extremista de derechas hispano hacia qué organización política mantiene más simpatías, después de la suya por supuesto; un 90 %, quizá más, contestarán que por la CNT anarcosindicalista. De la misma forma que cualquier ex-combatiente del bando nacional hablará de los cenetistas como de los mejores combatientes republicanos aun cuando no hay duda de que eran ellos los que protagonizaron los máximos episodios de violencia antifascista. Incluso se da el hecho de que parte de los cuadros catalanes actuales de la CNT proceden curiosamente de Falange Española, concretamente de la «Guardia de Franco».

Concretemos, pues, estas dos tesis:

1.° Los militantes de extrema-izquierda y los neo-fascistas poseen una psicología común a ambos.

2.° Ciertos rasgos y planteamientos ideológicos y estratégicos son muy similares tanto en uno como en otro bando.

Más todavía, estas dos características tienden a acentuarse cuando se trata del neo-fascismo y de la Nueva Izquierda contestataria. Enunciadas las tesis se trata ahora de presentar las argumentaciones adecuadas para demostrarlas suficientemente. Vamos a por ello.

2. La común «lucha contra el sistema»

Un neo-fascista integral que se precie hablará siempre de combatir al «Sistema», no a uno u otro tipo de Estado, no a una u otra concepción particular del mundo o de la economía, ni a esta o aquella tesis cultural, sino ante todo y sobre todo «al Sistema» entendido éste como el conjunto de infraestructuras y superestructuras que componen la totalidad de caracteres de una sociedad. Se trata, pues, de una lucha integral que debe darse, no solamente sobre el plano político, con un cambio estructural, ni tampoco sobre el terreno cultural exclusivamente o en el de la enseñanza, sino que debe ser un cambio íntegro; sustituir, en definitiva, un sistema por otro, un estilo de vida por otro: de un orden viejo a un orden nuevo.

Asimismo, un anarquista hablará casi exclusivamente de revolución social, pero el concepto que él tiene de ella engloba dentro de sí a un cambio en la mentalidad de las colectividades, una revolución cultural, una nueva ordenación de las relaciones producción-consumo, etc., de tal forma que preguntar a un anarquista si está «contra el Sistema» es esperar ya de antemano una afir-mación. Similar característica podemos encontrar también en un maoísta y en ciertas sectas trotskystas.

Sólo existe una diferencia que ya Mussolini anotó en uno de sus primeros discursos cuando le quedaba un cierto resabio de sus glorias socialistas: «Tanto vosotros como nosotros estamos contra el gran capital y la explotación, contra la demagogia y los partidos burgueses, por un Estado fuerte, pero vosotros llegáis a él por la vía de la lucha de clases, nosotros por la comprensión del fenómeno de la Patria». Esta cita, retórica como todas las de Mussolini, da a entender muchas cosas, la más importante sin duda que las izquierdas radicales combaten al Sistema en nombre de la «revolución proletaria» y la lucha de clases, mientras que los extremistas de derecha lo hacen enarbolando la bandera de la Patria, de la Tradición y del Orden Nuevo en tanto en cuanto que ese Sistema ha barrido la noción de Tradición tal y como ellos la entienden, ha transformado la Patria en una noción muerta y como consecuencia de esto no existe un Orden, sino un caos.

Extraído por CET de: "La ofensiva neo-fascista". 

domingo, 17 de abril de 2016

Trabajo, de Denes Martos.

Dale un cuenco de arroz a un hombre y lo alimentarás por un día. Enséñale a cultivar su propio arroz y le habrás salvado la vida. 
Confucio


Hacia 1811 y 1812 los trabajadores de una fábrica de medias y encajes de Nottingham, Inglaterra, destrozaron las máquinas tejedoras por miedo a que la mecanización de las tareas manuales les hiciera perder el trabajo. Fue la culminación del movimiento “ludita”, inspirado en la figura mítica de un tal Ned Ludd de quien se cuenta que en 1779 destruyó dos tejedoras mecánicas en un rapto de furia.[1]

Los “luditas” fueron un grupo de trabajadores ingleses de la industria textil que se dedicaron a romper máquinas en forma deliberada. Lo hicieron porque pensaron que la nueva maquinaria les quitaría los puestos de trabajo y sus medios de vida. Considerando las dificultades económicas que siguieron a las guerras napoleónicas, los nuevos telares prácticamente automáticos significaban que la vestimenta sería producida de allí en más por una cantidad menor de trabajadores y no solo eso sino por trabajadores de menor capacitación. De hecho, al ser las máquinas incluso más productivas, muchos trabajadores especializados perdieron sus relativamente bien pagados puestos de trabajo.[2]

Sin embargo, estos argumentos y temores son considerados como “la falacia ludita” por los economistas actuales. Estos economistas argumentan que, si el postulado ludita fuese cierto, prácticamente todos nosotros hoy ya tendríamos que estar sin trabajo. Una nueva tecnología puede desplazar a trabajadores cuyas habilidades se han vuelto obsoletas, pero los dos últimos siglos demostrarían que un aumento de productividad no produce un desempleo masivo. La nueva tecnología no destruiría el trabajo; solamente cambiaría la composición del trabajo dentro de la economía.

Este argumento suena muy bien y hasta está relativamente avalado por los hechos históricos. Sin embargo, resulta muy parecido al “equilibrio automático” que lograría el mercado gracias a que su “mano invisible” se encargaría de corregir los desvíos. Lo cierto es que, en el largo plazo, probablemente lo haga. Lo que sucede es que, como ya se ha dicho alguna vez, en el largo plazo estaremos todos muertos. A las miles y hasta quizás millones de personas que deben sufrir las consecuencias de un gran cambio tecnológico no les sirve demasiado de consuelo saber que en dos o tres generaciones la situación se volverá a equilibrar de algún modo.

Con todo, una cosa es indiscutible: históricamente la tecnología de una civilización nunca ha dado “saltos para atrás”. La tecnología de la piedra suplantó a la de la madera; el bronce suplantó a la piedra; el hierro desplazó al bronce. La tecnología de la máquina-herramienta desplazó al artesano manual. El vapor desplazó a la tracción a sangre. La electricidad desplazó al vapor. En ninguno de estos casos hubo marcha atrás. En ninguno de estos casos, una vez introducida la nueva tecnología la misma fue dejada de lado para volver a la anterior.

Hoy en día la máquina automatizada y programable – la robótica – ha desplazado a la línea de producción atendida por operarios humanos. Tampoco en esto habrá marcha atrás. Consecuentemente, será mejor que nos hagamos a la idea y solucionemos los problemas que esto genera porque especular con una eliminación de la robótica para volver a modos de producción previos es algo tan condenado al fracaso como lo estuvo el movimiento ludita de 1811.

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En el planteo del tema hay dos cosas que es importante aclarar de entrada.

Primero, los luditas del Siglo XIX y los operarios actuales enfrentan problemas completamente opuestos. En el Siglo XIX la máquina desplazó al trabajador artesano, altamente calificado o dotado de habilidades muy especiales, para suplantarlo por el operario común, de escasa capacitación, encargado de tareas relativamente muy simples. Esto llevó ya durante buena parte del Siglo XX a la línea de producción y a la producción masiva, con su trabajo monótono, elemental, simple y reiterativo que cualquiera podía aprender en el mismo puesto de trabajo y en solo un par de días o semanas. Desde la última parte del Siglo XX hasta el presente, la tecnotrónica actual viene presionando al mercado laboral en un sentido exactamente inverso: para su funcionamiento necesita personal capacitado y hasta altamente capacitado. La producción actual requiere operadores de máquinas de control numérico; programadores; operadores de diseño asistido por computadora y puestos similares. El trabajo simple, sencillo, que cualquiera podía aprender en el propio puesto de trabajo prácticamente ha desaparecido.

Segundo, la noción de la “falacia ludita” se basa sobre dos supuestos: por un lado se supone que las máquinas aumentan la productividad de los trabajadores; por el otro lado, se supone que todos los trabajadores – o al menos la gran mayoría – tienen la capacidad suficiente como para convertirse en operadores de esas máquinas. Pero las condiciones actuales están sacudiendo la sustentabilidad del segundo supuesto. Ya tenemos máquinas suficientemente “inteligentes” como para suplantar por completo a un operario. Puesto en términos económicos: en varios casos el capital se ha convertido en trabajo. Desde esta óptica la “falacia ludita” ya no es tan insostenible como puede parecerlo desde la visión de principios del Siglo XIX. En muchos aspectos es una falacia que ha dejado de ser falacia: si el maquinismo de los principios de la Era Industrial suplantó al artesano especializado por el proletario de baja capacitación, la tecnotrónica actual está suplantando a ese proletario por el técnico y el profesional altamente capacitados. Ése es el gran problema de la izquierda tradicional. No se han quedado sin descontentos y explotados; pero se han quedado sin proletarios y una ideología diseñada específicamente para proletarios del Siglo XIX se adapta muy mal a empleados de servicios y a técnicos industriales del Siglo XXI, por peor pagados que estén y por difícil que les sea conseguir trabajo.

Con lo anterior de base, podemos apuntar varios otros datos del problema.

Uno de ellos es que, debido a las sucesivas “revoluciones” tecnológicas, cada vez menos personas producen cada vez más bienes y servicios. Las tensiones producidas por este proceso se descargaron primero a través de transferencias de fuerza laboral del agro a la industria y luego, desde mediados/fines del Siglo XX, del agro y la industria hacia los servicios. Llegados a este punto, ya en 1995 Jeremy Rifkin[3] señalaba que – después de la “revolución” electrónica e informática – no hay hacia donde “transferir” la mano de obra desplazada, con lo cual las tensiones laborales que debemos enfrentar en un futuro prácticamente inmediato serán tanto de considerable envergadura como de larga duración.

Para colmo de males, en las últimas décadas la relación entre el PBI per cápita y el ingreso familiar medio tiende a empeorar en la enorme mayoría de los países.


PBI per cápita e ingreso familiar promedio en los EE.UU.[4]

Y en esto no se trata solamente de que aumenta el desempleo y cada vez menos personas acceden a un puesto de trabajo sino que incluso el ingreso de aquellas personas que tienen trabajo pierde progresivamente poder de compra real, ya sea por una tendencia del ingreso real a mantenerse nominalmente invariable, ya sea porque en términos reales sufre disminuciones en el mediano y largo plazo.

Durante los últimos 50 años, en los países más desarrollados la proporción del ingreso laboral respecto del PBI cayó de un 65/70% a un 55/60%. Un poco menos en Gran Bretaña y en Alemania; de un modo más significativo en Japón y los EE.UU. En el mundo “emergente” la relación empeora: en Corea del Sur la participación del ingreso laboral en el PBI cayó de 90% a 70%; en México lo hizo del 60% al 40%. En Europa Central y Oriental la caída fue de 75% a un 45% en promedio.


Índices de productividad y salario real en los países desarrollados[5]

Si analizamos la relación entre productividad y salario real obtenemos prácticamente el mismo resultado: mientras los salarios reales tienden a estancarse y ocasionalmente hasta a disminuir, la productividad, en términos generales, va en progresivo y sostenido aumento. Con el detalle muy importante de la asimetría de los niveles salariales. Porque, si – p. ej. en los EE.UU – tenemos en cuenta el ingreso anual del 1% de mayores ingresos y lo comparamos con el del 90% peor posicionado podemos ver que, desde 1979, el salario real del 1% mejor posicionado aumentó en un 138% mientras que el del 90% peor posicionado solo lo hizo en un 15%.


Salario real en los EE.UU. del 1% mejor posicionado frente al 90% peor ubicado.[6]

El “efecto desangrado” en los países periféricos solo aumenta los efectos señalados. Con las grandes empresas internacionales y las instituciones internacionales de crédito succionando la renta nacional de estos países todo el cuadro, obviamente, empeora.

La realidad demuestra, sin embargo, que el fenómeno no es exclusivo de la periferia colonizada del capitalismo sino que se produce hasta en los países desarrollados mismos. En menor medida quizás – hablando en términos absolutos y en consecuencias directas – pero se verifica en todos los análisis. El fenómeno, por lo tanto, no obedece exclusivamente al “imperialismo” capitalista como equivocadamente sostiene parte de la izquierda puesto que los propios países capitalistas imperialistas lo padecen también. El problema es estructural. El problema es la consecuencia de la estructura laboral y de la posición del trabajo humano dentro del propio sistema capitalista basado en la codicia y en la maximización del beneficio.

El problema de la progresiva desvalorización y de la creciente prescindibilidad del trabajo – con la obvia desocupación resultante – es un problema tan inherente a la misma estructura capitalista que el capitalismo no sabe muy bien qué hacer con él. Las medidas que se han tomado para intentar paliarlo – ya que no solucionarlo – han fracasado todas en mayor o menor medida.

En Francia se intentó reducir la cantidad de horas trabajadas por persona empleada. Pero la idea de que si cada uno trabaja menos horas habrá más oportunidades de trabajo para todos resultó errada. El mundo laboral no es un juego de suma-cero en el cual, mientras más trabaja una persona, menos trabajo le queda a los demás. En 2000 Francia estableció por ley una semana de trabajo de 35 horas con lo que las horas trabajadas realmente bajaron pero el desempleo aumentó. Al final, la legislación tuvo que prever tantas excepciones que el sentido mismo de la medida ya está completamente desvirtuado.[7]

Además, de cualquier manera que sea, la disminución de las horas trabajadas ya es de por sí una tendencia general impulsada por varios otros factores. No se necesitaba una ley especial para promoverla. Incluso en los EE.UU. en dónde la actividad económica de 24 horas al día por 7 días a la semana es casi una especie de deporte nacional para ciertos cargos y sectores, las horas anuales trabajadas efectivamente descendieron entre 1950 y 1980 para estabilizarse de allí en más un poco por debajo de 1800 horas anuales.


Promedio anual de horas trabajadas por país.[8]

El otro recurso de paliar la desocupación con subsidios estatales tampoco ha tenido resultados satisfactorios. Los diversos métodos de subsidiar el desempleo tienen, todos, varios inconvenientes. Por de pronto, si ofrecen un nivel de ingresos confortable para el desocupado, en muchos países lo único que logran es que ese desocupado deje de buscar trabajo y se convierta en un parásito alimentado por el sistema. Por el otro lado y a la inversa, si el nivel del subsidio es insuficiente, no logra su propósito de calmar la ansiedad y la angustia de la persona desocupada.

Exigir una prestación laboral a cambio de un subsidio estatal mejora el aspecto moral del sistema. Pero, si la relación no está limitada en el tiempo, a la larga se convierte en un empleo estatal igual a cualquier otro y económicamente puede ser cuestionable su utilidad. Por supuesto, siempre se puede recurrir a seguros de desempleo privados pero éstos – al igual que todos los subsidios limitados en el tiempo – solo tienen sentido en un entorno en donde en realidad hay trabajo y solamente es necesario asistir al desempleado durante el tiempo que tarda en encontrar un empleo nuevo después de haber perdido el anterior. En situaciones de desempleo estructural el recurso del subsidio estatal o del seguro de desempleo privado no resuelve en absoluto el problema de fondo y, mal implementados, hasta pueden llegar a agravarlo creando una clase parasitaria que consume sin producir ni siquiera el equivalente de lo que ha consumido.

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La solución al problema laboral no es fácil ni simple. Es un tema endemoniadamente complejo que requiere un análisis a fondo enfocado desde muy distintos ámbitos y especialidades. Porque, con la estructura del comercio internacional surgida después del fenómeno de la globalización económica, ni siquiera puede decirse que el del trabajo es un problema exclusivamente local o nacional. De hecho, para muchos países está más relacionado con el comercio exterior que con el consumo interno. La capacidad de producción de una línea automatizada puede muy fácilmente exceder la magnitud de la demanda interna y, en ese caso, la industria afectada o exporta o muere. Y, si exporta, no es imposible que tenga que competir con una industria similar pero ubicada en un país en donde la gente trabaja por algo así como dos tazas de arroz por día.

Sea como fuere, una cosa es indudable: no volveremos atrás. Las soluciones hay que imaginarlas con la robótica y no sin ella. Y aquí hay un papel esencial del Estado que tendrá que disponer las cosas de tal modo que la tecnología se ponga al servicio del Hombre y no sea cosa que el Hombre termine perjudicado por la misma tecnología que inventó.

Porque – y esto no hay que olvidarlo – al final del día, con robótica o sin ella, todo termina dependiendo de los seres humanos. De seres humanos que hacen lo que otros necesitan; de personas que producen lo que otras personas consumen.

Según una vieja anécdota, Henry Ford II le estaba mostrando a Walter Reuther, el veterano líder sindical de la industria automotriz norteamericana, una planta de producción recientemente automatizada.

– ¿Y Walter? – Preguntó con cierta sorna el factótum de la Ford – ¿Cómo harías para llevar estos robots a una huelga?

A lo cual, ni corto ni perezoso, el sindicalista retrucó al instante:

– No lo sé, Henry. Pero ¿cómo harás tú para que te compren un auto?

NOTAS:

[1] - http://www.claseshistoria.com/movimientossociales/m-ludismo.htm 

[2] - http://www.economicshelp.org/blog/6717/economics/the-luddite-fallacy/ 

[3] - Cf. Jeremy Rifkin, The End of Work: The Decline of the Global Labor Force and the Dawn of the Post-Market Era, Putnam Publishing Group, 1995, ISBN 0-87477-779-8 

[4] - http://economistsview.typepad.com/economistsview/2008/09/gdp-per-capita.html 

[5] - Cf OIT – Global Wage Report 2014 / 15 – Wages and income inequality (http://apirnet.ilo.org/resources/global-wage-report-2014-15-1) 

[6] - http://www.epi.org/publication/charting-wage-stagnation/ 

[7] - En el año 2000 Francia redujo las horas semanales de trabajo de 39 a 35. Actualmente ya hay tantas excepciones a la ley que la realidad es que los franceses hoy trabajan en promedio unas 39,5 horas, lo cual hasta está por encima de las 35.6 horas promedio de la zona del Euro. Cf.: 

http://qz.com/258151/reminder-dont-question-frances-35-hour-working-week/ 

http://www.latribune.fr/actualites/economie/france/20130726trib000777738/les-francais-travaillent-plus-qu-on-ne-le-croit.html 

[8] - http://www.newyorker.com/business/currency/why-the-french-are-fighting-over-work-hours